31 de diciembre de 2015

Creación panteísta nº 6

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La música de fondo es de Enya. Es el tema llamado "Drifting", del álbum Amarantine.

Creación panteísta nº 5

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"Fui a los bosques porque quería vivir deliberadamente, enfrentar sólo los hechos esenciales de la vida, y ver si yo no podía ver lo que ella tenía que enseñar, no sea que cuando estuviera por morir descubriera que no había vivido." ¹

¹  Extraído de Walden, edición de Espasa-Calpe.

30 de noviembre de 2014

Terapia kafkiana

De todas las terapias artísticas, la escritura es quizá la más extendida, en muchísimos casos practicada sin tener conciencia de su factor terapéutico. Esa es la razón por que miles de personas escriben un diario o blog personal. Ordenando las ideas en forma de frases escritas, o simplemente exteriorizando el mal que les aqueja, se revierte en muchos casos el estado de ansiedad.

Ha llegado a mis manos un escrito del genial Franz Kafka fechado en 1919, cuya finalidad fue indiscutiblemente servirle como psicoterapia. Me refiero a la Carta al padre (Lumen, 1974). No escribió esta carta con el fin de publicarla (ni siquiera se la entregó a su destinatario), sino como desahogo del problema que le afectaba.

El texto desvela claramente que la personalidad de Kafka era la de un cerebrotónico, siguiendo la clasificación que William Sheldon hiciera de los tres temperamentos básicos de la personalidad (viscerotónicos, somatotónicos y cerebrotónicos). Era un tipo introvertido, con gran exceso de vida mental, atormentado y tímido. La carta está escrita en el más auténtico estilo kafkiano de culpabilidades, reproches y acusaciones; un estilo que impregna sus novelas, y que nace de esta compleja condición psicológica.

De algunas confesiones se deduce que el autor sufría de TPE (Trastorno de la Personalidad por Evitación), o fobia social, como se conoce popularmente este trastorno. Habla de su incapacidad para hablar en público, o de enfrentar tareas en las que es necesario interactuar con personas, como atender la tienda de su padre; y de cómo afecta su baja autoestima a sus estudios o incluso para encontrar esposa. Achaca este mal a la educación recibida por su padre, del que se deduce que tenía un temperamento somatotónico, completamente antagónico con el de su hijo. La constante ridiculización de todas sus palabras y acciones por su parte, crearon en Kafka un sentimiento perpetuo de culpa ya desde su infancia.

Concluye la carta con tono conciliador, como si después de haberla escrito la tormenta hubiese amainado. Como si la propia carta hubiese sido el remedio a treinta años de sufrimientos interiorizados. Un sufrimiento psicológico que fue el origen de una forma de escribir que conmocionó la literatura de todo el siglo XX.