La agricultura ecológica en las comarcas del sur de Córdoba: el caso del olivar


El objetivo de la agricultura ecológica es la obtención de alimentos de máxima calidad, sin usar para ello productos químicos de síntesis. De los tres métodos directos contra las plagas -lucha convencional, integrada y biológica-, éste último es el único permitido. Su peculiaridad es la utilización de organismos vivos o sus productos, para reducir los daños ocasionados por los patógenos de las plantas. Para ello, el agricultor puede auxiliarse de la fauna y flora autóctona, o bien incorporar productos biológicos formulados.

Es cierto que una vez aparecida la plaga, estos métodos no consiguen eliminarla completamente. Por ello, a niveles cuantitativos, en ocasiones las cosechas no consiguen una alta productividad (otros estudios, sin embargo, han determinado que, en tiempos de sequía, el cultivo ecológico produce hasta un 15 % más). Pero si hablamos en términos cualitativos, el producto así obtenido supera la calidad de la producción agraria convencional. Por estos dos motivos, la producción se paga más cara, tanto en los mercados como al agricultor, con subvenciones especialmente establecidas para ello. Como orientación, el kilo de aceituna ecológica se viene pagando en almazara unas treinta pesetas más caro que el convencional.

Los productos biológicos formulados son preparados comerciales para el control de plagas, y su aplicación al cultivo es fácil y económica, ya que no necesita de pulverizadores ni atomizadores. Como se ha dicho antes, son organismos vivos, insectos o microorganismos, que parasitan o depredan a los insectos plaga. El uso de maquinaria pesada no solo se reduce en este aspecto, sino también para el laboreo, a favor del aumento de la cobertura vegetal y de la conservación del suelo, evitando la erosión.
Contra la creencia habitual, la agricultura ecológica no excluye el uso total de productos químicos, tan solo los de síntesis. Así por ejemplo, está permitido el cobre y otras tantas sustancias, que podemos ver listadas en R(CE) 834/2007 y R(CE) 889/2008 de la Comisión Europea, junto con otras normas de aplicación.

Siendo el sur de la provincia cordobesa una de las zonas con mayor importancia oleícola a nivel mundial, la presencia de cooperativas donde se recoge la producción ecológica es abundante. Son trece los municipios que cuentan con alguna, noventa y tres productores asociados y más de 2.200 hectáreas de olivar en ecológico. La organización del trabajo en cooperativas con alguna línea para ecológico difiere, pues algunas reservan sólo el mes de noviembre para tal producción, y otras establecen días concretos de la semana para la recogida. Para ello es indispensable la acreditación de alguno de los siete Organismos de Certificación que existen. En Andalucía prima el C.A.A.E., pero cualquiera es válido. Su coste aproximado es de unos doscientos euros hasta las 50 hectáreas, en olivar. Para obtenerla, no se podrá aplicar la plantación con fitosanitarios durante las tres cosechas previas.

Con respecto a las subvenciones antes mencionadas, hay varios tipos. Además de la P.A.C., existen unas ayudas agroambientales exclusivas, pero este año 2012 no admiten nuevas incorporaciones, y solo las cobrarán los agricultores que ya estaban comprometidos. El gobierno las ha paralizado de momento. Sí está activa una ayuda que subvenciona el 80 % de los costes de certificación, arriba comentados.

A medio camino entre la convencional y la ecológica, se halla la lucha integrada, que compatibiliza los intereses del agricultor con la sostenibilidad medioambiental, usando todos los métodos en perfecto equilibrio. Hasta ahora, la administración ha ofrecido apoyo económico a los agricultores para la contratación de un técnico especializado, necesario para gestionar los programas de lucha integrada. Hay que tener en cuenta que los productos así obtenidos no son ecológicos, pero agruparse en un A.P.I. (Agricultura de Producción Integrada) puede ser un buen comienzo para aquellos agricultores reticentes a prescindir de las bondades de la química de síntesis. Bondades solo a corto plazo, que pasarán factura.
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