El Abuso del Sistema (III)

Esta entrada es un nuevo capítulo de la batalla personal que libro contra algunos grupos de poder (el gobierno de España, la compañía eléctrica Endesa, y el gobierno autonómico). Si recuerdan, el Servicio Público Estatal de Empleo se negó a pagarme el dinero por desempleo (un derecho social en España) mediante cheque. La única opción era su ingreso en la cuenta de un banco, empresas que yo desterré de mi vida hace ya algún tiempo. Como ya conté en este blog, la falta de entendimiento acabó en juicio, y hoy mismo he recibido la sentencia A MI FAVOR (como no podía ser de otra manera, dada la antinomia que se juzgaba).

Endesa, por el mismo motivo, también ha sido intransijente con mi petición, e interpuse la correspondiente denuncia en el Juzgado de lo Social, con fecha de juicio prevista para enero. Por su parte, la querella contra el gobierno autonómico de Andalucía aún se encuentra en la vía administrativa. Mantendré informados a los lectores de este blog.

A aquellos diletantes politólogos preocupados por el incremento de poder que están tomando los gobiernos, les recomiendo la lectura del libro Poderes salvajes (Trotta, 2011) de Luigi Ferrajoli.

Con una claridad que se agradece, nos explica cómo los gobiernos europeos están tomando senderos que recuerdan a los fascismos del siglo pasado, pero con estratejias aterradoras por subliminales. Si algún lector piensa que enjuicio al gobierno por nimiedades, me ayudaré de las opiniones de Ferrajoli para convencerle de que el enemigo común de todos los ciudadanos son los gobiernos.

Con ejemplos, nos advierte de cómo se promueve el desinterés y la indiferencia por los intereses públicos, para dirijir la atención sólo a nuestros intereses personales: “promoción de rupturas de la solidaridad social, en medio de una crisis económica que requeriría la máxima unidad”, o también “la estimulación y la lejitimación de todos los egoísmos, individuales y sociales”.


Resulta gracioso, porque igual que yo me corroboro con Ferrajoli, éste se corrobora citando a Tocqueville (político francés que se opuso al poder personal de Napoleón III). En 1835 escribió lo sigiente: “El despotismo […] ve en el aislamiento de los hombres la garantía más segura de su propia duración, y de ordinario pone todas sus precauciones en aislarlos” (La democracia en América, Trotta, 2010)

Aunque a primera vista lo pueda parecer, yo no enjuicio al gobierno por mi interés personal. Mi actitud es una oposición a cualquier tipo de tiranía o intento de aborregamiento por parte de los poderes que nos rijen. Ignorando el habitual maltrato al cliente en el que reinciden una y otra vez los bancos, no tengo nada en contra de estos negocios. Son tan necesarios como puedan serlo las tiendas de ropa, las ferreterías o las funerarias. El abusador es el gobierno, cuando nos obliga a vestirnos a la moda que él impone.

La avaricia de los bancos se ha aprovechado de la ambición de las personas. Nadie es tan bueno, ni nadie es tan malo. El que firmase un pacto hipotecario en los años de bonanza, debe cumplirlo. Esa es mi opinión. Yo pude haberlo firmado también, pero opté por comprar un piso de sólo 40 m², porque era lo único que podía pagar sin bajarme los pantalones ante una entidad crediticia.

Esto último evidencia una dicotomía entre
Interés jeneral -COOPERACIÓN, versus Interés personal -COMPETICIÓN.

Aplicar esta dualidad (compito, pero también coopero) a nuestro comportamiento social es sensato porque tiene en cuenta la teoría de Tocqueville y también nuestros instintos primarios. Es una idea extraída del documental ¿Jeneración perdida?, realizado por el equipo de Documentos TV, y en confianza, a mí me gusta porque aporta soluciones al marjen de gobiernos y políticos.


Continuación... El Abuso del Sistema (IV)

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