Un desprecio a España de...


Vicente Blasco Ibáñez:

“ Llegó un día en que la Inquisición comenzó a debilitarse. [...] Comenzó a sentir vergüenza de quemar hombres, con todo su aparato de sermones, vestiduras ridículas, abjuraciones, etc. [...] Entonces fue cuando comenzó el arte del toreo. La muchedumbre encontró la fiesta muy de su gusto. El pueblo entró en masa en las plazas como único señor, dueño de sus actos, pudiendo insultar desde las gradas a la misma autoridad que le inspiraba terror en la calle. Los hijos de los que asistían con religioso y concentrado entusiasmo al achicharramiento de herejes y judaizantes se dedicaron a presenciar con ruidosa algazara la lucha del hombre con el toro. [...] La ferocidad de la muchedumbre, habituada a fiestas de muerte, necesitaba una válvula de escape para dar expansión a su alma, educada durante siglos en la contemplación de suplicios.” 
(Sangre y arena, 1908)

En otro orden de cosas, considero coherente que sea aquí, en esta entrada, donde concluya la deconstrucción de la lengua que comencé con el primero de mis Desprecios a España, y que me llevó a simplificar la ortografía castellana en el uso de las G y las J. El motivo por el que desisto de esta ideología anarcolingüista es bastante prosaico: el programa de traducción de textos Live Search no reconoce dichas mutaciones lingüísticas, y la traducción resultante se hace ilegible en otros idiomas.

Seguramente la distinción entre je/ge/gue/güe - ji/gi/gui/güi, es un capítulo apasionante de arqueolingüismo, y que tiene orígenes que se pierden en la noche de los tiempos, pero cuando en este país llenamos la cabeza de los adolescentes con normas estúpidas, y además con las excepciones absurdas a las normas estúpidas (acuérdense de los famosos tejer y crujir…), casi comprendo que el índice de fracaso escolar en España esté entre los más altos de Europa =

¡ Un fonema para cada letra, y una letra para cada fonema !
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