La utopía empieza en uno mismo


Una teoría curiosa acerca del acto de crear, es aquella que argumenta que las personas no creamos porque nos guste hacerlo, sino por necesidad. Es decir, que creamos para encontrar con ello algo que nos falta en nuestra vida cotidiana. Un ejemplo muy claro de ello es éste mismo blog, puesto que habla de utopías.

A pocos días del tercer aniversario del Movimiento 15-M, muchos medios informativos opinan que la burbuja revolucionaria que se engendró aquellos días se ha desinflado. Sin haber cambiado una coma de la realidad social de España, pasará a la historia como un movimiento utópico fallido.

Nadie duda que la utopía sea un acto creativo. La cuestión estriba en si es útil a la sociedad. Para intentar responderla hay que indagar en la mente humana. El hemisferio derecho del cerebro es el encargado de la creatividad. Pero es muy revelador el hecho de que en las personas en las que predomina este hemisferio, también se dé el altruismo comunal como forma de vida.

Este blog ha centrado su activismo en cinco pilares, que considera fundamentales para un cambio a mejor de la sociedad:
el boicot a gobiernos corruptos y monopolios empresariales, el retorno del hombre a la naturaleza, un idioma internacional neutral, un sistema educativo alternativo y la meditación panteísta:
Pero las utopías rara vez se concretan en la realidad. El desgaste emocional y físico que sufren los activistas, no dará resultados sino quizá cientos de años después, como nos demuestra la historia. ¿Qué sentido tiene entonces oponerse a la realidad? Hay dos aspectos clave, que son el rechazo del activista a la indolencia y a la diplomacia:

Indolencia: El activismo hace sentir vivas a personas que rechazan sentarse simplemente a ver pasar el mundo. Ya lo decía EinsteinLa vida es muy peligrosa. No por las personas que hacen el mal, sino por las que se sientan a ver lo que pasa. Podrán conseguir o no sus propósitos, pero el mero hecho de intentarlo, da sentido a sus vidas.

Diplomacia: Un activista se posiciona claramente, y sin ambigüedades. Todo lo contrario de lo que haría un diplomático, que no tendrá nunca amigos verdaderos en el ejercicio de sus funciones. Ya lo decía Mark Twain: La diplomacia es el arte de decir "perrito bonito", hasta que encuentras una buena piedra.

La utopía encuentra su razón de ser fuera de la pasividad y del autoengaño de la sociedad. Y será útil para aquellas personas de mente creativa y emocional. Sin embargo, surge una pregunta más: ¿tendría cada uno que poner límite a la defensa de sus creencias? Evidentemente. Nunca llegarán a entenderse el hemisferio izquierdo -racional y egocéntrico-, con el derecho -emocional y altruista-, y una realidad determinada no encajará en el cerebro de todas las personas.

Puesto que todas las personas no llegaremos nunca a ponernos de acuerdo (si no es mediante la manipulación), os aconsejo que cuidemos de aquellas que queremos. Porque nunca nadie en su lecho de muerte se arrepintió de no haber cambiado el mundo, pero sí de no haber cambiado él mismo*.

* (leer fuente aquí)

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