Artistas polémicos

“No importa si se habla bien o mal del producto; lo importante es que se hable de él”.
Hay que tener mucho cuidado con esta premisa de la publicidad, porque por su culpa a veces presenciamos atentados bestiales contra la ética. Ahora mismo me estoy acordando de un bailaor que mató a una persona, y gracias al revuelo mediático pasó de ser prácticamente desconocido a llenar los teatros en sus espectáculos. No diré su nombre.

El museo Reina Sofía de Madrid entró en este juego de polémicas cuando acogió una instalación artística con animales vivos. No es la primera vez que un artista pretende destacar su nombre del resto, gracias al grito en contra de los defensores de los animales, que ingenuamente le dan publicidad al hacerlo. La más atroz fue una instalación que consistió en atar un perro en una sala de exposiciones, y esperar durante días a que muriese poco a poco de hambre y sed. No daré datos. Tan solo habría que referir que el país que permitió esto tiene uno de los mayores índices de criminalidad, y es famoso por la falta de respeto a derechos fundamentales.

El director del Reina Sofía debió nacer en los bajos fondos de ese país. La instalación de Madrid cumple ahora dos años, el tiempo que llevan viviendo cuatro cotorras en una sala de exposiciones. Es degradante para unos seres vivos de su naturaleza no ver la luz del sol, pero más aún lo es el que en una cartela se las incluya con los demás materiales de la obra. Es como si al director del Reina Sofía lo enumeramos en la lista del mobiliario del museo (a los snob que aplauden esta obra, ¿habría que incluirlos en el recuento de visitantes, o llamar al servicio de control de plagas?)

Ha habido tantas quejas, que el museo colgó una cartela explicando que tiene el permiso de la Dirección General del Medio Ambiente (otro director que debió nacer en aquel país…) y más aún, amenazan con esta frase:
"La cotorra Kramer verde es una especie exótica invasora por lo que su escape o liberación accidental al medio natural supone un elevado riesgo ambiental para el equilibrio biológico".
Advertencia cargada de cinismo, y dirigida a los animalistas que estuviesen pensando abrir la jaula…

Es denunciable fotografiar una obra museística y colgarla en internet, pero ya que son aves, y no obras, os muestro un par de fotos en esta entrada. Quizá el palito donde descansan sí sea obra artística, por lo que espero la denuncia del artista de cuyo nombre no quiero acordarme.


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