Tres tratamientos contra el dolor moral



En los últimos meses he publicado en este blog una tormenta de ideas para el cambio social, casi todas jocosas o banales. Esta entrada ha seleccionado las tres ideas más urgentes, o si se me permite el adjetivo, las tres ideas imprescindibles para que la humanidad no termine revolcada en el fango. Aún a riesgo de parecer ridículo, ahí van mis propuestas =

La primera pasa por dar mayor importancia a la economía productiva, frente a la economía especulativa (o acabar completamente con esta última…) No se puede permitir que “el aleteo de una mariposa en Wall Street, produzca una tormenta de hambrunas en el Sahel”. Nunca más.

La segunda es un tirón de orejas al actual gobierno del Estado español por su campaña subliminal a favor de las familias numerosas. 215 años después de que Malthus advirtiese del peligroso crecimiento exponencial de la población, fomentar los nacimientos masivos hoy en día, es tan suicida como una guerra nuclear. No se deben prohibir los nacimientos, como ocurre en China, pero sí habría que catalogar como delito de lesa humanidad a la apología que hacen el Opus Dei e islamistas radicales (en clara lucha por ver cuál será la religión dominante en las próximas décadas…) Contar los hijos por docenas no es menos grave que hacer apología del terrorismo, ya que los recursos del planeta son finitos.

La tercera propuesta terminaría de una vez por todas con los conflictos nacionalistas. Desde el pulso vasco-catalán al Estado español, muchos artículos se han referido a la estupidez de dejarse llevar por el nacionalismo que supuestamente inventan políticos oportunistas. Pero la realidad es más compleja: los humanos, junto al resto de grandes simios, somos los únicos animales que poseemos cultura. Es decir, que cada grupo humano tiene una determinada manera de entender y enfrentarse a la realidad. Si tan concienciados estamos por el respeto a la diversidad biológica, ¿por qué no demostramos el mismo respeto ante la diversidad cultural humana? Los Estados entendidos como entidades políticas deben desaparecer, para renacer convertidos en entidades culturales. Según esto, la mayoría de países africanos, creados solo con criterio político por sus colonias europeas, deben rehacerse estableciendo fronteras culturales. Aplíquese también en la península ibérica…

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