Educar en casa: Educación libre


El año que termina ha sido movidito en cuanto a noticias relevantes. Pero de entre todas ellas yo me quedo con la denuncia del Estado español a una mujer que, en su papel de madre, ha querido educar al que es su hijo, como mejor ha creído. Ejerciendo un derecho legítimo y natural, pero sorprendentemente no reconocido por la legislación de España, esta mujer educaba a su hijo en casa, siguiendo una metodología tan acertada como la de cualquier colego público. No ha sido la única denuncia de este tipo, pero la comento porque es la primera vez que la sentencia absuelve a la denunciada (leer noticia aquí).

Este tema ha sido objeto de crítica en muchas entradas de este blog, pero aprovechando este suceso he pensado que ya era hora de escribir una, específicamente dedicada a este asunto. La libre educación puede entenderse como una medida de autogestión, pero también afín al liberalismo económico. De hecho, esta práctica educativa es legal en Estados Unidos. En aquel país está permitido educar a los hijos en casa, siempre y cuando se les enseñe unos contenidos fundamentales. Por supuesto, un equipo de profesionales del Estado inspecciona regularmente el cumplimiento de esos programas. En cambio, lo que pretenden crear las corrientes pro-autogestión que están surgiendo de los movimientos sociales es una alternativa total a la educación oficial.

Para reivindicar la falta de libertad que existe en este campo, hay en España varias iniciativas, algunas encaminadas a modernizar el actual sistema educativo (por ejemplo aplicando la pedagogía Waldorf-Steiner) y otras procurando la objeción de conciencia contra él: Otra Escuela Es PosibleColectivo de Educación LibreAsociación por la Libre Educación, etc. Ésta última ha publicado un libro del que recomiendo su lectura: “Educar en casa día a día” (ALE, 2009). Trata sobre muchos aspectos, pero en un blog anarquista como éste me quedo con las llamadas de atención que hacen los autores sobre el adoctrinamiento al que a veces están sometidos los niños en las escuelas públicas. A este respecto refiero las palabras de otra publicación: ¡Rebelaos!, del colectivo Afinidad Rebelde:
“Las instituciones no tienen legitimidad para educar a las nuevas generaciones en beneficio de un mercado capitalista, enfocado al consumo, la competencia, la violencia y el individualismo. Obsesionadas en deshumanizar a la persona, reducen la actividad del aprendizaje a la memorización, la repetición, la rutina y la evaluación.”   (ver enlace)

Mi anterior trabajo como profesor interino de secundaria me hizo conocer la trastienda de seis institutos diferentes. Con esta experiencia terminé asqueadísimo de la educación pública oficial. Mi percepción es que, en un instituto con unos cuarenta profesores, son solo nueve o diez (el 25 %) los que tiran del carro. El resto son meros vividores del sistema, que se implican lo mínimo, en algunos casos rozando lo moralmente inaceptable. En ocasiones, la falta de aptitud de los trabajadores de la enseñanza se oculta excusándose en la falta de respeto de los jóvenes, pero yo pienso que cuando una clase no está motivada, la culpa es solo del profesor. Esto está escrito por alguien con talla moral suficiente como para dejar voluntariamente este duro trabajo, al ser incapaz de mantener la atención de los jóvenes. Las clases de muchos profesores son auténticos gallineros, y sorprendentemente por mi parte, esos funcionarios aceptan su inmerecida paga al final de mes. Además, las diferentes directivas siguen permitiendo que estos ineficaces trabajadores continúen en su puesto, sin notificarlo a la inspección.

Esto que digo son opiniones subjetivas, pero las puedo apoyar con un dato objetivo: el curso que trabajé en el instituto de una ciudad que cuenta con centros privados, la totalidad de profesores con hijos en edad escolar los tenían matriculados en dichos centros.

[ Reconozco que este tema es polémico, por lo que se aceptan sugerencias... ]
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