Panteísmo práctico

Mucho se ha hablado de panteísmo en este blog, y no sin razón, ya que el Walden de Thoreau se puede considerar una obra fundamental de esta corriente filosófica. Con esta entrada quiero concluir de manera concreta a una serie de reflexiones abstractas que he venido haciendo sobre el uso que hacemos del tiempo. Hablo de panteísmo y del tiempo como si fuesen una única cosa, y es que Thoreau interrelacionó ambos conceptos. En sus descripciones de la naturaleza parece uno ver que pasaba los días enteros contemplando, no solo el medio ambiente de la laguna, sino el correr lento de las horas.

Propongo llevar el panteísmo a un nivel superior, a la diletancia activa; deleitarse por sistema con la contemplación. Hay muchas actividades, practicadas por miles de personas, que tocan de refilón la filosofía contemplativa panteísta: aficionados a la fotografía de paisajes o del instante decisivo; o los observadores del cielo nocturno con telescopios; o los muchísimos aficionados y asociaciones nacidas solo para observar las aves; o el yoga, filosofía oriental que apunta a la observación interior de uno mismo. Esta propuesta puede ser un reto realmente difícil para el humano urbano, expuesto a una tormenta de estímulos constante. Abstraer la mente ante semejante cúmulo de información banal, para deleitarse con sutilezas, necesita de un estado de ánimo muy próximo al nihilismo, y es precisamente la ausencia de estímulos lo que el humano postmoderno intenta evitar a toda costa. Carl Honoré analiza la sobreestimulación en su libro sobre el movimiento slow, Elogio de la lentitud (RBA, 2005).

La idea no es observar, sino contemplar. Contemplar la naturaleza como hace el visitante de un museo con las obras de arte. Salgan de sus hogares y acudan al campo, a las calles de la ciudad, para ver lo grande y lo pequeño, el movimiento y la quietud, la vida y la muerte, el sonido, el ruido, y todo lo contrario, el olor y el color, de todo y en todo lo que nos rodea: el cambio de luz en las fachadas, el trabajo de los insectos, la nube que pasa, el animal que come y el que muere y el que nace y juega, y el que te mira y se va, el frío, la tormenta, la sombra y el calor; contemplar el crecimiento de una planta, en definitiva (esto último para usuarios avanzados...) Dejemos de mirarnos en el espejo, olvidemos el antropocentrismo por unos momentos. Ni siquiera hay que pensar en capturar los momentos con fotografías, porque no hay nada nuevo en todo lo que ve. Todo está ahí siempre, si sabemos mirar. La idea no es observar, sino contemplar. Saber contemplar es saber valorar lo que observamos, tomándonos el debido tiempo para ello.

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