Apunte breve sobre la condición humana


Hace unos días se conmemoró el sexajésimo sexto aniversario de la matanza nuclear de Hiroshima. También el próximo mes el mundo entero sentirá el atentado contra las Torres Jemelas de Nueva York en su décimo aniversario. Pero casi nadie dolerá otros muchos exterminios masivos de población civil ocurridos en países pobres. Es evidente que hay muertos de primera, y muertos de segunda categoría. Quizá para resaltar esto, Isabel Coixet rodó en 2005 La vida secreta de las palabras. Coixet trató en su película el olvido que sufren las víctimas de segunda. Y yo, en la entrada al blog de hoy, rescataré del olvido a unas víctimas tan dignas como cada americano asesinado el 11 de septiembre de 2001. Son las víctimas de tercera.
Este mes se cumplen tres años de una noticia que el periódico El País tituló así: "Ocho mil kilos de merluza a la basura para estabilizar su precio"  Por cierto, que en el mes de julio de 2008, fueron tirados otros 18.000 kilos de estos animales (leer noticia)

Según el artículo 8.2 de la Declaración Universal de los Derechos del Animal, "la masacre de animales salvajes, la contaminación y la destrucción de los biotipos son jenocidios".
A mi juicio, ese acto no debería considerarse jenocidio si esos animales hubiesen servido de alimento. Pero deshacerse de ellos por imperativo del mercado lo convierte en una masacre alevosa. Vaya desde aquí mi más sentido pésame por esas pobres criaturas, y mis condolencias por todos los muertos de las hambrunas que están azotando a Somalia este verano, mientras en Occidente jugamos con la comida.
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