España 40 - Holanda 9


En la obra del cine clásico americano The apartment (Billy Wilder, 1960) ya se habla de Fidel Castro, que un año antes había derrocado a otro dictador cubano, Batista:
Quítate tú pa que me ponga yo.
El comunismo es a todas luces una ideología contraria a la naturaleza humana. Reprime sentimientos tan universales como la avaricia, la ambición o la envidia por la posición social y por los bienes del vecino. Apaga la iniciativa del emprendedor, convirtíendolo en un holgazán más del sistema. Congela el entusiasmo de aquellos ilusos que quieren progresar y mejorar en su vida, para sentir que están vivos. En Being John Malkovich (Spike Jonze, 1999), Maxine le dice a Craig:
"En la vida hay dos clases de personas, las que luchan por conseguir lo que quieren, y las que no. Las primeras, pueden conseguir eso que pretenden, o no, pero mientras lo intentan, se mantienen vivas. Las demás ya están muertas".

Haciendo de abogado del diablo, defiendo la prosperidad de la avaricia, la ambición y la envidia, en contra de la desidia a la que nos lleva la izquierda, y que plantea un problema serio a los pequeños emprendedores. Esta desidia se generaliza ante la imposibilidad de luchar contra los gobiernos cuando éstos se convierten en competidores directos de las empresas. Puedo elegir ejemplos entre decenas, pero como muestra, contaré el caso de la Junta de Andalucía como editorial, o el de ayuntamientos abriendo gimnasios públicos o impartiendo clases gratuitas de pintura, entrando en competencia desleal con pequeñas editoriales, academias de bellas artes o gimnasios privados, que tienen que cerrar por no poder ajustar los precios de sus servicios a las ridículas tarifas de una entidad a la que no le importa en absoluto tener pérdidas.
¿Con qué derecho pone en marcha el gobierno actividades que no son de primera necesidad y que entorpecen el trabajo de algunos humildes negocios familiares o pymes? Es una competencia desleal porque competir en iguales condiciones con el capital invertido por los gobiernos -apenas unas migajas para ellos- supone un esfuerzo crediticio tan inalcanzable para esas pymes que, o cierran, o se ven obligadas a reducir su plantilla, o se ven abocadas a la economía sumergida para sobrevivir. La socialdemocracia contemporánea no puede compararse con el marxismo de Cuba, pero también es intervencionista más allá de lo estrictamente necesario.
¿Qué podemos hacer ante este gobierno los ciudadanos que lo sufrimos? En el caso de España solo hay una salida decente, y es ser trabajador del gobierno, funcionario. Así miles de jóvenes en su edad de mayor rendimiento laboral se pasan años, encerrados, estudiando. Estudiando para trabajar en sectores para los que quizá no tienen la más mínima vocación ni aptitud -estoy pensando ahora en los maestros-, lo que, en caso de conseguir la plaza, redundará en un bajísimo rendimiento (el que escribe esto tuvo una experiencia de tres años en la enseñanza pública española, que le dejó esta mala impresión). Pero la mayoría no consiguen esas plazas. En este caso los trabajos disponibles son tan precarios, y la diferencia entre un sueldo y una prestación por desempleo tan pequeña, que casi no merece la pena trabajar. Quizá por todo esto a la generación actual de jóvenes se les llame la generación perdida.
En España la prestación por desempleo es temporal. En Bélgica, sin embargo, esta ayuda es indefinida. Pero la población belga no tiene el paro como forma de vida, ya que las condiciones laborales superan con creces a este amparo del gobierno. Otro dato -también contrastado- es que relativamente pocos británicos quieren ser maestros -los vocacionales, como es normal- supliendo esta falta con ciudadanos de otros países anglófonos, como India. Supongo que encuentran más realización personal en empresas privadas que les ofrecen buenos horarios y sueldos... y que no tienen que competir con el mismísimo gobierno.
Los salarios de los funcionarios españoles y las prestaciones de los desempleados se ajustan a la media europea, posiblemente por dar el gobierno buena imagen ante la Unión Europea. El lugar por donde España apesta a mierda es en la empresa privada, y qué bien lo refleja la película Un franco, catorce pesetas (Carlos Iglesias, 2006).
Desde 1959 hasta hoy mismo que ha dejado la política, Fidel Castro ha condenado a la desidia a tres generaciones. Han vivido estando ya muertas. Es un dictador como lo es Gadafi, y sin embargo el gobierno socialista español no lo bombardea, como a Libia, sino que -según John Bolton- le está ayudando.
Pero las diferencias económicas entre la izquierda y la derecha se están diluyendo. Por un lado el discurso de Raúl Castro en el VI Congreso del Partido Comunista de Cuba se ha torcido un tanto al liberalismo. Por otro lado la empresa Google, paradigma del capitalismo, ha puesto de moda la filosofía Google de gestión empresarial, en la que desaparece la jerarquía. Un ideal marxista que ya puso en práctica Jean-Paul Sartre en el diario francés Libération (por cierto, esta medida supuso la crisis y el cierre temporal del periódico).
Rebecca, la protagonista norteamericana de este blog, tenía dos sueños: ser maestra, y cantar en un musical. Pero además, todo eso tenía que ocurrir en una ciudad concreta de Estados Unidos: Chattanooga, Tennessee.
No había pasado un mes desde que recaló en esa ciudad, cuando ya había realizado sus dos sueños. ¿Qué hacen los jóvenes de la generación perdida, mientras tanto? Pasan los mejores años de su vida estudiando inglés, su idioma.
Lo bueno de todo esto es que los españoles somos inmunes a la frustración, porque la experimentamos a menudo desde que nacemos. Esto nos hace madurar. Los estadounidenses sin embargo son adolescentes toda su vida, adultescentes (kidults) con poca o nula tolerancia al fracaso. En la orilla ibérica del mundo también hay adultescentes, pero no por actitud, sino por vivir, treintones, con sus padres... Adultescentes por motivos económicos. Desear y conseguir son la misma palabra en EE.UU. Igual que blanco y forma, tienen la misma palabra en el idioma inuit, por razones obvias.
No puedo imaginar por cuál sistema económico se decantaría Thoreau, el mentor de este blog, porque aunque no le gustase la intervención de los gobiernos, tampoco estaba a favor de la propiedad privada del suelo. Quizá se negase a la propiedad privada en su sentido más estricto, es decir, que no fuese del individuo, pero tampoco del gobierno. En Walden entronca con una concepción del uso del suelo un tanto animalista, en la que se aprovecharan los recursos meramente alimenticios y el cobijo, lo cual nos llevaría a ver la política como algo innecesario, y las ideologías políticas como meros instrumentos de poder. Un poder que se ha hecho necesario, para gestionar una sociedad que se ha complicado en exceso, innecesariamente. Las ideologías políticas son diferentes medios para llegar al mismo fin. Esta idea corrobora al filósofo Sánchez Dragó cuando dice que tanto la izquierda como la derecha son máquinas de poder.

(El dato aportado en el título, extraído de El Mundo, son los porcentajes de paro juvenil en España y Holanda respectivamente, donde también gana España)
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