Dios sería Paisaje. Creación panteísta nº 1


El panteísmo es una corriente filosófica que concibe el mundo como la única realidad verdadera. Dios se concibe como una especie de principio orgánico de la Naturaleza, o dicho de manera más poética, como la autoconciencia del universo. Dios es una metáfora. No hay ninguna realidad trascendente.

Según el filósofo Ralph W. Emerson, amigo de Thoreau, cuando el ser humano se encuentra en contacto con la Naturaleza, haciendo uso de la observación es capaz de conectar con una energía creadora de vida, identificada como dios por los deístas, y como totalidad por los panteístas. Tanto Emerson como Thoreau tienen una visión trascendental del mundo. De la lectura de Walden se concluye que Thoreau se acerca más al agnosticismo que al ateísmo en sus creencias personales: "...de noche rezamos con desgana nuestras oraciones, y nos encomendamos a incertidumbres".

Los elogios al medio ambiente y a la pluralidad de seres vivos que le rodean, son algo más que mera retórica en el caso de Thoreau. Pero el carácter trascendental de su enfoque choca con la corriente panteísta, a pesar de que ambos pensamientos profesan una gran capacidad de asombro y deleite ante la Naturaleza (entiéndase por Naturaleza y por Paisaje no solo el medio ambiente natural, sino también todo lo creado por el hombre... una calle, una plaza, un edificio).

A este respecto también se refiere Richard Dawkins, apologista del ateísmo, cuando dice que existen objetos y ocasiones que le invocan un profundo sentido de lo sagrado. En The God Delusion, Dawkins viene a decir que panteísmo y ateísmo son lo mismo: "El panteísmo es ateísmo acicalado". En esta obra, publicada en castellano por Espasa, los diletantes lectores podrán esclarecer cualquier duda que le haya quedado sobre la materia.

He querido hacer esta breve introducción a la corriente panteísta para hacer notar que la contemplación de la Naturaleza puede llegar a causar un éxtasis sensorial similar al místico. Elevar el Paisaje al estado de sublime, se puede hacer tanto trascendiéndolo metafísicamente, como meditándolo físicamente. Enrique Lynch explica bien qué es lo sublime: "Una manera de ser bello que, por paradójico que parezca, nada tiene que ver con la belleza" (Sobre la belleza, Anaya, 1999)

La obra de Thoreau eleva el Paisaje a lo sublime, sea o no sobrenatural la experiencia, y tratar de engranar el trascendentalismo de Thoreau con el panteísmo ateo, resulta irrelevante para el fin que quiero alcanzar.

Clasificar como panteístas determinadas manifestaciones artísticas no resulta descabellado teniendo en cuento lo dicho anteriormente. Así, podemos decir con confianza que muchas pinturas paisajistas de los siglos XVIII y XIX son panteístas. El sol de membrillo, película de Víctor Erice, es panteísta. La obra fotográfica de Cyprien Gaillard, es panteísta. Platero y yo, de Juan Ramón Jiménez, es panteísta. O algunas videocreaciones de Bill Viola, también lo son. Salvando las distancias, yo también quiero aportar mis creaciones de carácter panteísta, que iré publicando en este blog:
 

La última entrada del diario de Thoreau, poco antes de morir, se refería a las marcas que había dejado la lluvia sobre un terraplén ferroviario. Decía así: "Todo esto resulta perfectamente claro para una mirada atenta y, sin embargo, la mayoría no lo advierte" 1

1   Extraído de la Introducción a Walden, edición de Cátedra.
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