"¿Quién debe llevar el bozal?" Vodevil en dos actos


En la viñeta de Forges que hoy publica El País aparecen unos policías con sotana multando a un conductor, y me ha recordado un episodio que ocurrió este verano. Los actores de este vodevil son, por orden de aparición, dos perros, cuatro agentes de policía, yo mismo en el papel de fotógrafo, el dueño de los perros y el veterinario municipal.

Se abre el telón. Primer Acto:

Dos perros dogos. Esta raza es muy pacífica, dormilona y amigable, pero de gran tamaño. Los perros, en su matutino olfateo, se meten en una calle sin salida, y como el sol empieza a calentar, deciden recostarse a la sombra, allí mismo. Un vecino los ve, se asusta, y llama a la policía, que envía a una patrulla para que se los lleve. Esta patrulla bloquea la calle con su coche, con lo que los perros quedan atrapados. Como necesitan buscar al dueño de los canes, llaman a otra patrulla. Con ésta, llegan también los extras de la obra, es decir, los vecinos del barrio, que empiezan a agolparse en torno al espectáculo. Entre tanto, un policía dispone el protocolo de actuación: Dos agentes entrarían en el 'coso' con pistolas, y otros dos los cubrirían por detrás. Todo esto después de buscar al dueño de los perros sin éxito, y estando ya los perros muy nerviosos, con tanta expectación.

Segundo Acto:

Por una ventana se asoma un fotógrafo (que soy yo) para dejar constancia del "buen hacer" de la policía. Uno de ellos ve la cámara y me prohíbe fotografiar, pero yo, que he pertenecido al gremio de fotógrafos, sé que no existe ninguna ley que prohíba tomar fotos en lugares públicos, y lo ignoré. Esto no le gustó al agente, ya que desprecié su masculina y armada autoridad, y me amenazó con llevarme al cuartel. Estando en éstas llegó el dueño, acalorado, y el veterinario municipal. ¿Saben qué dijo el veterinario? Pues que en estos casos se usan dardos narcotizantes. El perro se duerme, y no son necesarias las pistolas.

A mí, por cierto, no me llevaron al cuartel, porque en este caso ninguna ley ampara esta medida, pero sí que tomaron mi nombre ante una muchedumbre que disfrutaba del evento, para dejar por sabido que son ellos los que mandan. A eso no me pude negar. Finalmente tengo que decir que ningún perro murió.

¿Y qué relación tiene esto con los policías en sotana que dibuja Forges?
Boris Cyrulnik, en el libro La plus belle histoire des animaux nos hace reflexionar acerca del menosprecio del hombre hacia los demás animales, encontrando la razón de esta irracionalidad en la influencia de la religión judeocristiana en el mundo occidental. Al ser una cultura antropocéntrica, los animales se consideran meros autómatas. Es un hecho cultural puesto que en otros pueblos del planeta, no influenciados por esta corriente, los animales son equiparables a nosotros. Como ejemplo conocido, basten las tribus indígenas norteamericanas.

Mediante esta reflexión quiero hacer notar cómo los poderes públicos, y los occidentales en general, actuamos de acuerdo a unos patrones establecidos hace mucho tiempo, en los albores de la civilización, y que fueron plasmados por escrito (tenemos esa suerte) en ese código de conducta que llamamos Biblia.
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